Las Coloradas: La verdad detrás del 'mar rosa' de Yucatán





Las Coloradas: El maravilloso arte de cobrarte $800 pesos por ver agua estancada
Si en tu mente tienes la idea de que todo en la vida es color de rosa, te recomiendo visitar Las Coloradas, dentro de la Reserva de la Biósfera Ría Lagartos. Y si no tienes $800 pesos para pagar la entrada, comprarte unas gafas de ese tono en el mercado más cercano.
O en Amazon. 
Pero ojo: asegúrate de quitártelas justo al momento de pagar la entrada de esos casi $800 pesos en Las Coloradas, no vaya a ser que confundas el verde de tus billetes con el rosa de la ilusión turística.
Y es que hay que reconocerlo: el departamento de marketing de esta salinera merece un premio internacional. Lograron el negocio perfecto. Agarraron una planta industrial común y corriente, le pusieron una valla, contrataron seguridad y convencieron a medio planeta en Instagram de que manejar cuatro horas bajo un sol infernal para ver piscinas de evaporación de sal es el "viaje de tus sueños".
Salinos...

Un "mar" que se mira y no se toca
Lo primero que debes saber antes de empacar tu mejor traje de baño es que ahí está estrictamente prohibido meter un solo dedo al agua
Olvídate de flotar como en el Mar Muerto o de simular que eres una sirena en un batido de fresa. Entrar a Las Coloradas es el equivalente turístico a ir a un restaurante de lujo, pagar el menú completo, pero que solo te dejen oler el plato desde la mesa de al lado mientras un guía vigila que no te acerques demasiado. 
Todo el "tour" consiste en caminar por un sendero de tierra, tomarte la foto para fingir en redes sociales que la estás pasando increíble, y "pasar" a retirarte.

Las Coloradas: un santuario de bacterias (con filtro de Instagram)
El famoso color rosa no es magia, ni un milagro divino; es ciencia pura y dura. El tono brillante lo provocan billones de microalgas y bacterias halófilas que viven felices en agua con niveles de salinidad extremos. 
Básicamente, estás pagando una pequeña fortuna por tomarte una selfie con un caldo industrial de microorganismos atrapados.
Y reza para que el cielo esté completamente despejado. Si se te ocurre ir en un día nublado, lluvioso o simplemente después de que la fábrica haya cosechado la sal, el agua rosa se transforma mágicamente en un pantano grisáceo o marrón que huele a azufre. 
Así que el rosa "Instagram" no viene garantizado en tu boleto, pero el calor de 40 grados y los mosquitos del tamaño de un puño, esos sí van incluidos y son gratis.

El veredicto: ¿Estafa o genialidad?
Las Coloradas es un gran set fotográfico para alimentar el ego digital, pero una experiencia de viaje bastante floja si lo que buscas es aventura, relajación o diversión real. 
Si vas con la expectativa correcta (un museo al aire libre de la industria de la sal con colores bonitos), puede que te lleves un buen recuerdo para tu galería. 
Si vas buscando un paraíso natural... bueno, siempre te quedarán las gafas rosas.

Al final, Las Coloradas no son un paraíso escondido ni una maravilla secreta de la naturaleza.

Son unas piscinas de evaporación de sal con un extraordinario departamento de marketing y un color muy fotogénico cuando las condiciones acompañan.

Si vas con las expectativas correctas, puede ser una visita curiosa.

Si esperas encontrar una playa rosa donde bañarte, quizás regreses a casa con más preguntas que respuestas.

Como dijo una vez la filósofa costera Massiel:

"Lalarala... charcas industriales...

Lalala... charcas llenas de sal..."

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